Las dos caras de la misma moneda
Hace unos días salí como siempre a las 20 h para aplaudir. Pero, con el afán de animar o animar-me, cogí una nariz de payaso y un sombrero de copa azul, que tenía por casa, para cantar y moverme al son de la canción de Resistiré que acompaña este momento en mi calle. En fin, los payasos cumplen esa función de animar, y yo, que ya empezaba a notar caras un poco apáticas en mis vecinos me puse en modo “payasa”. Mi madre se debió sentir molesta, tal vez ofendida, porque al terminar me dijo que no le parecía bien mostrar tanta alegría cuando había personas que estaban muriendo. Al día siguiente ya no utilicé la misma indumentaria para salir a aplaudir. Me mostré más comedida, más discreta. Casi no tenía ganas de aplaudir ni sonreír. Incluso diría que me sentía confundida, sin saber muy bien si debía estar contenta o triste. Mi madre, sin pretenderlo, tiró de mí para abajo. Pero, ¡qué narices!, yo tengo que tirar para arriba, por mí, por mi madre y por todos vosotros. ...